¡No soporto a mis papás!

¿Te parece familiar esta frase?, ¿Alguna vez has sentido lo mismo? Muchas veces al llegar a la adolescencia lo primero que se pone en duda es el amor de los padres. Pensamos que la confianza se ha perdido, que se oponen a nuestra libertad y a que nos divirtamos, que siempre están pensando cosas malas de nosotros, que nuestros papás son los peores que hay en el mundo y que ojalá fueran más parecidos a los de este o aquella amiga.

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