Repensar la universidad en cuarentena

webinar, online conferences, teleworking, lectures, and quarantined online training on the Internet. The concept of isolation and self-development during the Covid-19 coronavirus pandemic. flat vector

por José Luis Orihuela

 

Como muchas otras cosas que dábamos por supuestas antes de la pandemia, también tendremos que resetear la universidad como institución, así como las prácticas de enseñanza y los modos de aprendizaje.

 

Habrá un antes y un después de esta crisis, que afectará a toda nuestra vida, a nuestra sociedad y a nuestra cultura: la vida familiar, el barrio, la ciudad, los viajes, la economía, la globalización, la política, la sanidad, la logística, y por supuesto, la educación. Aunque la lista es más extensa.

 

Desde que en cada país se fue estableciendo la cuarentena, los profesores hemos tenido que adaptar nuestro trabajo a las nuevas circunstancias dictadas por el confinamiento, los alumnos han visto cómo su preciada conectividad se transformaba en el mantra del teletrabajo y las universidades han tenido que reconvertirse en virtuales de la noche a la mañana.

 

Como decíamos a comienzos de marzo, en los inicios de la expansión de esta pesadilla, hay que aprovechar las situaciones de crisis para aprender. En este sentido y enfocando la cuestión en la academia, la pregunta pertinente parece ser: ¿qué retos enfrentamos las universidades y los estudiantes con motivo de esta crisis?

 

Propongo, solo para comenzar a pensar en estos asuntos, tres grandes retos (a los que habrá que sumar muchos más).

 

Primero. El reto de resituar a las tecnologías de la información en la educación, no solo como complemento.

 

Los debates que, desde los años setenta, se vienen planteando en torno el uso de las tecnologías de la información en las aulas, con la consiguiente falsa dicotomía de sustitución entre profesores y tecnologías, parten de la base de un modelo presencial de educación en el que la tecnología tiene un papel complementario, siendo el profesor y el aula los factores centrales.

 

Hoy, el reto consiste en tomarnos en serio el papel de las tecnologías de la información como soporte habitual de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Algo que, en los años setenta, ya habían entendido las “universidades a distancia”, entre ellas la Fernuniversität alemana, la Open University británica y la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) española.

 

Segundo. El reto de rediseñar la educación, no solo adaptarla.

 

Es consustancial a su historia y a su naturaleza el que la universidad sea una institución conservadora. Ese instinto de conservación es el que nos ha llevado, en un primer momento de esta crisis, a intentar reproducir en los entornos virtuales las mismas actividades que estábamos desarrollando en el ámbito físico. Así, en lugar de una clase presencial en la que durante una hora el profesor expone la materia ante los estudiantes, hemos pasado a una clase en Google Meet (o similar), con los mismos contenidos, extensión y dinámica que la clase presencial. Pues bien, esto no es educación a distancia.

 

Aquí el reto consiste en repensar y rediseñar de raíz los contenidos, los métodos y los tiempos de la educación universitaria, incluyendo no solo los cauces de participación de los estudiantes, sino incluso su nuevo protagonismo en el escenario virtual.

 

Tercero. El reto de repensar la universidad como comunidad, no solo como espacio.

 

Enseñar y aprender desde casa, en lugar de hacerlo en las aulas, en las bibliotecas y en los laboratorios, exige dejar de pensar a la universidad como un espacio y volver a pensarla como una comunidad.

 

En este aspecto, sí que hay una vuelta a los orígenes de la universidad como institución: una comunidad de profesores y estudiantes que buscan juntos la verdad.

 

La impronta de las mejores universidades del mundo es que forman un tipo de personas, la buena educación universitaria imprime carácter. El estilo y los valores de cada alma mater se proyectan sobre sus estudiantes de un modo mucho más radical que los títulos y los diplomas que les otorgan. Al final, no son los espacios físicos comunes, sino los valores compartidos los que definen a cada comunidad académica.

 

Esta crisis nos está haciendo volver a los orígenes de muchas cosas y, en ese camino, la tecnología está demostrando ser mucho más que una muleta transitoria.

 

Descargar la infografía: Enseñar y aprender desde casa: consejos para alumnos y colegas(PDF) y la guía: Informarse y entretenerse en tiempos de cuarentena (PDF).

__________
José Luis Orihuela es profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra (Pamplona, España). Email: jlori@unav.es – Blog: ecuaderno.com – Twitter

top

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

top