• La mayor parte de los adolescentes están muy solos, ya sea porque ambos padres trabajan, porque no les ponen atención o creen que ya no son tan necesarios. Los talleres animan a los padres a acompañar a los hijos para llevarlos a ser mejores personas.
  • Los papás no saben qué música escuchan sus hijos adolescentes, cuáles son sus mejores amigos en el colegio o sus contactos en las redes sociales, qué les gusta hacer, cuál es su deporte favorito. Los talleres ayudan a los padres a conocer el “mundo” del adolescente..
  • No basta querer, es necesario saber cómo llegarles, cómo ganarse su confianza, cómo dialogar con ellos para lograr la conexión emocional que cambia vidas.
  • Los adolescentes necesitan información sobre el sexo porque están inmersos en una cultura llena de estímulos, pero cero formación. Los padres deben perder el miedo de hablar con ellos sobre los cambios de la pubertad, el impulso sexual, el sentido de las salidas con el sexo opuesto, las relaciones prematrimoniales, las enfermedades, la diferencia entre amor y enamoramiento, entre amor y sexo, los efectos de la pornografía, el manejo adecuado de las nuevas tecnologías, etc.
  • Aunque la competencia es mucha, porque cada día hay más influenciadores sobre los hijos, los padres pueden influir con sentido positivo si se lo proponen y se plantean planes de acción. Los talleres son muy prácticos y les ayudan a concretar.
  • La adolescencia es la época de los sueños, de los grandes retos. Pero los padres tienen que animar a los hijos a volar. Pueden y deben proponer a sus hijos metas altas y exigentes para que alcancen la plenitud como personas.
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