Series de televisión: la familia, inmortal protagonista

Downton AbbeyMaría Teresa Nicolás Gavilán*

Cuando volvemos al hogar paterno, una grata experiencia es mirar con nostalgia las fotografías del salón familiar, las que penden de las paredes de nuestras antiguas habitaciones o adornan las mesitas de noche del cuarto de nuestros padres.

Imágenes tiernas de bebés en paños menores, ingenuas miradas de niños en su Primera Comunión, la patética foto del título académico y las dulzonas de los recién casados posando en el estudio fotográfico. Cada uno de esos pedazos de papel coloreados arranca una sonrisa. Evoca momentos entrañables y remueve emociones.

Mi padre es un convencido de que con un cúmulo de imágenes se puede contar la historia de una familia. En casa tenemos más de 75 álbumes –todos numerados– que narran las peripecias familiares en ambos lados del Atlántico, desde los orígenes hispanos hasta la primera bisnieta chilanga.

 

RASGOS SOBRE PROTOTIPOS FAMILIARES

De igual modo, en la narrativa seriada encontramos un buen álbum fotográfico para conocer los trozos de una historia; con la enorme ventaja de que son imágenes sonoras y en movimiento. Las series de televisión centradas en la familia nos permiten conocer rasgos sobre «prototipos familiares».

Lo anterior, además de ser entretenido y con base en la propia experiencia, resulta ser científico. Narrative Inquiry,1 o historias de vida, es una metodología cualitativa de las ciencias sociales que se centra en conocer –a partir de fotografías, autobiografías e historias– lo que para una persona significa un acontecimiento, y qué conocimiento le suscita.

En este artículo me propongo esbozar las líneas maestras para que tú, lector, pintes tus conclusiones sobre las imágenes de familia que muestra la pantalla y descubras qué conocimiento significativo te deja o te ha dejado el consumo de series familiares.

 

ENTRE LAS DÉCADAS 50 A 70

Lucille BallLa década de los 50, considerada la «Edad dorada» de la televisión, comenzó sus primeras transmisiones seriadas en blanco y negro, mostrando los avatares de distintos tipos de familia.

I love Lucy fue una de las primeras series de comedia. Retrataba la vida cotidiana de un matrimonio intercultural. Lucy es la mujer americana independiente, que quiere salir de su casa y conseguir el sueño de su vida. Ricky encarna al hombre cubano promedio, que desea por esposa a una buena ama de casa. A lo largo de seis temporadas se presentan dos visiones sobre el papel de la mujer: en su hogar y en el mundo, utilizando el recurso de los gags, o humor transmitido en imágenes. Sería interesante conocer la opinión de la segunda ola del feminismo sobre esta cuestión.

Los años 60 continúan la tendencia de la década anterior al plasmar en la pantalla a la típica familia americana como un modelo protagónico. En cada capítulo, alguno de sus miembros enfrenta un problema que resuelve de manera positiva con el propósito de ofrecer una moraleja.

Muy novedosas fueron The Addams Family (1964) y The Munsters (1964), que además recurrieron a una fórmula exitosa: presentar personajes típicos del terror en tramas cómicas. Cada capítulo versa sobre situaciones cotidianas, como el primer día de colegio del niño o la llegada de nuevos vecinos, que toman un cariz cómico a raíz del contraste entre la normalidad de los estadounidenses y la peculiaridad propia de esas familias. Cuestiona con fina ironía el concepto mismo de normalidad.

The Munsters ya es un clásico. Llego a esta conclusión tras analizar la parrilla –programación– televisiva mexicana y constatar que de enero a abril de 2014, The Munsters se transmitió de lunes a viernes a las 16:00 hrs en Cadena 3.2

En el cambio de década aparece otra serie que destaca por su gran aceptación y penetración en la cultura popular: Bonanza estuvo 14 años en pantalla, del 12 de septiembre de 1959 al 16 de enero de 1973, abordaba los problemas de la familia Cartwright, dueños del rancho «La Ponderosa».

Con la televisión a color aportación mexicana, por cierto las historias familiares de los años 70 crecieron en complejidad y dramatismo. Un claro ejemplo es la longeva The Ingalls, serie producida y transmitida por la cadena NBC y uno de los primeros ejemplos de cultura mainstream, ya que fue doblada a varios idiomas para su emisión global. Contó con 203 episodios en 8 temporadas. Basada en el libro de Laura Ingalls del mismo nombre, trata de la vida de trabajo y alegrías de Charles Ingalls, su esposa Caroline y sus tres hijas.

Al finalizar la década surge una comedia que aborda un tema delicado y complejo en el imaginario norteamericano: las relaciones interraciales. Different Strokes contó, entre 1978 y 1988, la historia del excéntrico millonario Philip Drummond (caucásico), quien tiene una hija propia, Kimberly, y adopta a dos pequeños afroamericanos, Arnold y Willis Jackson, hijos de su fallecida mucama. Juntos viven en un penthouse en Park Avenue, Nueva York. Seguro que resuena en tu cabeza aquella frase estrella «¿de qué estás hablando Willis?» que, de haber existido Twitter, se hubiera convertido en un trending topic.

 

Modern FamilyUNA MIRADA DIFERENTE

En los años 80, las historias cambiaron. Ya no muestran a las típicas familias conformadas por papá, mamá e hijos, que aparentan ser perfectos. Plantean temas como el divorcio y las familias disfuncionales; en las comedias sin embargo, todos seguían siendo felices al final.

Esto se observa en series de corte familiar como Married with Children Growing Pains (1985), Alf (1986), Full house (1987)3 y The Wonder Years (1988), esta última considerada en el número 29 de la lista de los 100 mejores programas de televisión de todos los tiempos. Este programa, de la cadena ABC, estuvo al aire durante seis años. Narraba la realidad social y política que vivió la sociedad estadounidense a finales de los 60 y principios de los 70 a través de la mirada de un chico que entraba a la adolescencia y que tenía que lidiar con los problemas propios de la edad, la familia y los amigos. Por medio de una narrativa con toques cómicos y poéticos trata un tema fundamental: «crecer pasa en un parpadeo. Un día estás en pañales y al siguiente ya no estás».4

Los años 90 traen varias series cuya temática central es la familia, con características de la época en la evolución de los personajes y el tratamiento de temáticas más complejas en situaciones más realistas. En el género de comedia destaca The Fresh Prince of Bel Air, protagonizada por Will Smith. También The Nanny, con el particular sentido de la moda y el vestir de Fran Drescher, contrastado con la «clase» de Maxwell Sheffeild, un viudo magnate productor de Broadway que de casualidad contrata a una vendedora de cosméticos para que cuide y eduque a sus tres hijos. No me extraña que durante el primer semestre de este año Fran aparezca de lunes a viernes en Cadena 3 y que también la encontremos en Netflix.

En 2000 se estrenan tres series que han hecho historia. Malcolm in the middle tiene como narrador a un niño súper dotado que cuenta la historia de su peculiar familia, cuyo padre es interpretado por Bryan Cranston, a quien luego veremos transformado en Walter White.

Otra extraordinaria serie en el sentido lato de la palabra que muestra la arquetípica lucha del bien y el mal es Smallville. Dedica sus primeras cuatro temporadas a narrar la génesis de Superman, nos introduce en el núcleo familiar de la granja de los Kent cuyos pilares son amor: confianza y responsabilidad. El otro gran escenario es la fría mansión de los Luthor cimentada sobre la competencia, la traición y el rencor.

En la misma década se emite Gilmore Girls, serie de drama y comedia, «dramamedia» que retoma temas comunes de la vida familiar en el hogar uniparental de Lorelai Victoria Gilmore y de su hija Lorelai «Rory» Leigh Gilmore. La serie sigue las peripecias de madre e hija durante varios años, con temas como los novios y las rupturas de ambas, la apertura de un hotel por parte de Lorelai y la educación de Rory, incluyendo su ingreso a la prestigiosa universidad de Yale.

Caracterizan esta serie el alto ritmo de los diálogos y las continuas referencias culturales a la música rock y pop, el cine, la literatura, la política, etcétera; y presenta un punto de vista y enfoque femenino en su manera de entender el hogar, ya que la guionista Amy Sherman-Palladino escribió las primeras seis temporadas. Me sorprende cuántas alumnas de la universidad me comentan que ellas y su madre se identifican con las protagonistas.

 

TODO EVOLUCIONA

En el último lustro encontramos muy buenas series y quiero presentarlas amparadas en una reflexiones académicas. Como dije en un artículo previo publicado en esta revista («El ADN de las series. Entretenimiento de calidad con impacto emocional». istmo 332, junio-julio 2014), las series proponen modelos y muestran estilos de vida.5 Algunos tienen que ver con roles familiares, es decir con modos de ser padre, madre e hijos.

Es oportuno traer a colación el trabajo James Lull, para quien uno de los usos relacionales de la televisión es el de competencia y dominio, que se refiere a la representación simbólica de los roles de los personajes televisivos. Habla en concreto de los roles familiares, considera que confirman las percepciones familiares de la audiencia. Es decir cuando el comportamiento de un actor o una actriz recalca el modo en que el espectador se comporta en circunstancias similares, la experiencia puede ser útil al espectador como un instrumento para demostrar la competencia del rol a otros miembros de la familia.6

De las series actuales que se emiten en pantalla y presentan roles familiares, destaco cuatro ejemplos.

Empiezo por dos series de comedia, que si bien comparten años de producción y emisión, son muy distintas en los modelos o roles de familia que presentan, Modern Family y The Middle. En mismo nombre de la primera indica el punto de partida de guionistas y productores: presentar lo que ellos consideran que es una familia moderna. La serie gira en torno a tres familias relacionadas a través de Jay Pritchett y sus dos hijos, Claire Dunphy y Mitchell Pritchett. Jay, el patriarca, está casado en segundas nupcias con Gloria una joven y apasionada madre colombiana, que, con la ayuda de Jay, cría a su hijo Manny, fruto de un matrimonio anterior. Claire es una exigente mujer y ama de casa, esposa de Phil, agente inmobiliario que se autoproclama un padre cool. Tienen tres hijos: Haley, típica adolescente más preocupada por su estatus social que por sus estudios; Alex, la inteligente hija mediana y Luke, el poco convencional y despistado hijo pequeño. Mitchell, el otro hijo de Jay, es un abogado, que vive con su pareja, Cameron –en posteriores temporadas se casan y adoptan a Lily, una niña vietnamita.

Por otra parte The Middle presenta a los Heck, encabezados por Frankie, la «supermadre» de una muy particular familia y esposa de Mike. Día a día, ella lidia con su trabajo en la tienda de autos usados, mientras se asegura de tener bajo control a su hijo mayor, Axl, reforzar la autoestima de Sue, la hija del medio, y respetar la peculiaridad de su hijo menor, Brick. Aunque emplean métodos poco convencionales, Frankie y Mike se han esforzado por inculcar buenos modales y sólidos valores a sus hijos. Por eso, a pesar de su torpe y descuidada apariencia, los Hecks son definitivamente una de las familias más nobles y divertidas de la televisión.

El éxito The Middle nos habla de que hay una parte de la sociedad americana y mundial que disfruta –por eso las ve con las peripecias de esta familia tradicional que me recuerda a las comedias de los años 60, donde cada personaje enfrentaba en los capítulos algún problema, pero lo resolvía positivamente y salía airoso de la situación aprendiendo una lección. Esto es clave en la serie y cada capítulo comienza con la voz en off de Frankie haciendo una reflexión sobre la familia.

Si cambiamos a las series de género dramático, encontramos un claro ejemplo que muestra los estereotipos: Mad Men, que transmite la cadena AMC desde 2007. Esta serie retro, situada en los años 60, muestra la vida privada de cada personaje, representando costumbres de la sociedad norteamericana. Don, el personaje principal tiene la familia ideal, su esposa es una perfecta mujer y ama de casa que cuida día y noche de sus dos pequeños. Él es un creativo publicitario, hombre de éxito que –aparentemente tiene todo lo que quiere en la vida. Podemos ver cómo se representa a los sectores de la sociedad estadounidense y la cultura de la década, en donde reina el tabaquismo, la bebida, el machismo, el sexismo, el adulterio y el racismo.

Cierro este sucinto recorrido con broche de oro, una serie que nos obliga a mirar a Inglaterra y su costumbrista serie Downton Abbey, ambientada en el Courtyard británico, en la Abadía Downton, casa señorial del conde de Grantham. La serie comienza en 1912 y durante varias décadas narra las aventuras y desventuras de una familia aristocrática británica, los Crawley y de las personas a su servicio. Es interesante considerar la doble imagen de familia: la de sangre y una especie de familia por afinidad formada por quienes atienden a los dueños de la casa. Entre ambos grupos se establecen relaciones que van desde la admiración hasta la afinidad y una culmina en el matrimonio. La serie muestra cómo evolucionan en la opinión pública los roles familiares, además aborda temas como el matrimonio concertado, las relaciones prenupciales, los hijos nacidos fuera del matrimonio y la exclusión de la mujer en la línea sucesoria… Inteligente y elegante, el programa es una particular lección de sociología inglesa de principios de siglo.

Este rápido y breve periplo por la imagen de las familias en las series de televisión pide de ti, lector, acción. Como dije al principio, propongo que descubras qué conocimiento significativo te dejó y te continúa dejando el consumo de series familiares. Te toca echar a volar la memoria y recordar qué series han marcado tu vida y preguntarte el porqué. Reflexiona si sus personajes te impactaron emocionalmente y quizá descubras cosas de las que no eras consciente, o no del todo. Esto te ayudará a decidir qué series quieres que formen parte tu álbum familiar y se acomoden en tu mundo interior, tu propio hogar íntimo.

Este artículo fue publicado originalmente en la revista ITSMO, Edición 334.

*María Teresa Nicolás Gavilán es Doctora en Comunicación (Universidad de Navarra). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Chair of the Working Group of «Ethics of Society and Ethics of Communication», International Association of Media Communication Research (IAMCR). Directora de la licenciatura en Comunicación (Universidad Panamericana, campus México). Fundadora y directora del grupo de investigación «El ADN de las Series».

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