10 consejos para ser la mejor mamá del mundo

Mamá con dos hijos besándolaPor Maria Grazia Gualandi

Después de haber leído cómo tenía que ser la madre hace más de cien años, aquí va el decálogo actualizado. ¿Qué más agregarías?

1. Tu marido debe ser lo primero. Cuando los hijos aterrizan en nuestras vidas, la relación de pareja cambia. A pesar de ello, la cosa más importante de ser madre es ante todo ser buena esposa, porque así es como les enseñas a tus hijos la lección más importante de sus vidas: el Amor. Asimismo el amor conyugal será lo que te va a permitir afrontar toda circunstancia de la vida. Algunos pequeños tips para cuidar a tu marido: sonríele cuando le contestas al teléfono. Él no podrá verlo pero lo “sentirá”. Envíale mensajes de amor. Es curioso que cuando nos casamos el tema de nuestras comunicaciones en los mensajes de texto cambia radicalmente (aquí un articulo interesante). Dale un beso cada vez que te despides y un abrazo cada vez que vuelve a la casa. Dale la mano cuando están sentados en el coche.

2. Ten una casa desordenada. Mi madre siempre me dijo: primero las personas, después las cosas. Es imposible tener una casa impecable en cada momento y una familia feliz. Pero también es verdad que una casa organizada da paz. Proponte unas metas, por ejemplo mantener los lugares comunes –como la cocina, el cuarto de estar y el comedor- decentes y de hacer una limpieza profunda de vez en cuando. Cuida mucho la organización y la lógica de la casa. Hay todo un mundo dedicado a eso. Si el tema del cuidado de la casa te quita la paz habrá que pensar en contratar una asistenta. Aunque quizás sea muy cara, es un gasto importante ya que va a ser un beneficio para la serenidad familiar.

3. Defiende tus espacios. Uno de los grandes defectos de las mamás es que dejamos que el mundo se apropie de nuestros espacios. Me refiero a espacios en la casa, espacios de intimidad en la pareja, espacios para trabajar, espacio para estar a solas y cultivar las aficiones, espacio para tener amigos. Tus necesidades primarias vienen antes de las necesidades secundarias de los demás. Organiza tu casa para que puedas sentir que hay un lugar tuyo y defiéndelo. ¡¡El baño es un espacio privado y tú habitación también!! ¡Cierra la puerta del baño entonces y quita los juguetes de tu habitación! Conquista un tiempo para ti misma, un “tiempo de lujo”, donde puedas cultivar lo que te gusta, aunque sea breve. Haz todo lo que puedas para tener un espacio para estar con tu esposo también. Y…cuando estás en la casa, trabaja en las cosas de la casa, mientras que cuando estás en el trabajo ocúpate de las cosas del trabajo.

4. Cuida la comunicación familiar Comer con la propia familia es una de las mejores maneras para construir la comunicación familiar. En vez que preguntar ¿Qué has hecho hoy? prueba con tres preguntas: 1. Cuéntame la cosa más bella que te ha pasado hoy, 2. Cuéntame la cosa que menos te gustó hoy, 3. Cuéntame una cosa buena que has hecho hoy para los demás. Ese “juego” funciona con toda la familia –padres incluidos- desde los 3 hasta los 100 años. ¡Pruébalo durante al menos una semana, y vas a ver como se convertirá en un ritual que nadie querrá perderse!

5. Sigue realizando tus sueños –o simplemente aplazalos. La llegada de los hijos cambia las prioridades y los sueños. Uno de los deseos más grandes de todas las mamás es que los hijos sean felices. Pero hay otros sueños, quizás más personales, que es bueno intentar realizar. A veces se trata de posponerlos, a veces de realizarlos en parte o de manera inesperada. Pero hay que seguir manteniendo unos sueños que tienen que ver con nuestras pasiones y deseos.

6. Ten amigas. Y no te compares con otras mamás. Aunque parezca que el marido y los hijos lo llenan todo, las mujeres seguimos necesitando tener buenas amigas. Son las que nos alientan cuando estamos tristes o que saben compartir buenos momentos “femeninos”. Pero existen algunos peligros entre amigas: los celos, las comparaciones, los juicios que nos hacen sentir mejores o peores que las demás. En todas esas situaciones se sale perdiendo así que ¡mejor reconocerlas y combatirlas!

7. Dale a tus  hijos alas y raíces. Uno de los grandes retos de la educación es el de regalar a los hijos unos cimientos que puedan darles estabilidad durante toda la vida. Al mismo tiempo esos cimientos no deben impedir que el hijo pueda volar. Se trata de una tensión constante entre la dependencia y la independencia, el querer que nuestros hijos estén cerca de nosotros –que sean como nosotros- y el dejarles ir, tanto física como psicológicamente. Las madres tenemos una propensión a querer crear dependencia, aunque no lo admitamos. ¡Deja que te ayude tu marido para que tus hijos puedan encontrar el propio camino!

8. Aprende a delegar. Dios hizo la mujer tan parecida a Él, que le entregó la capacidad de saber hacer todo, incluso en la modalidad multitasking. A pesar de ello ¡no somos todopoderosas! No solamente necesitamos la ayuda de los demás, sino los que nos rodean necesitan que nosotras les brindemos la posibilidad de hacer las cosas, aunque las hagan de manera diferente. Se trata de tener bajo control nuestra soberbia para confiar en los demás con el objetivo de que crezcan en independencia y autoestima. Empieza a delegar y hazlo con tu marido primero. ¡Él es parte de tu equipo!

9. Perdona tus propios errores y los de los demás, pero se indulgente con tus defectos. A veces es más fácil perdonar algo a los demás que perdonarse a si misma, especialmente si el error que cometimos se refiere a la esfera de la maternidad. Si se puede, hay que pedir perdón y encontrar la manera de empezar otra vez sin que lo que ha pasado impida ser mejores. Al mismo tiempo, una buena mamá lucha constantemente para mejorar sus propios defectos.

10. Se feliz y disfruta de las cosas. Hay un refrán muy común en EEUU que dice Cuando la Reina está feliz hay paz en el reino (When the Queen is happy, there is peace in the Kingdom). ¿Te das cuenta de la responsabilidad que tienes? ¡Tu felicidad es la clave para la felicidad de tu familia! ¿Has reído junto con tu familia hoy? ¿Estás satisfecha (aunque cansada)? ¿Sabes disfrutar de las pequeñas cosas diarias o te sientes ahogada por las cosas que hay que hacer? Recuerda que la mejor madre no es la más guapa, ni la más comprometida, ni la más orgánica, la mejor cocinera o la mejor educadora, ni la más organizada o la que más tiempo le dedica a sus hijos. Sino la madre feliz.

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