Cómo enseñar a tu hija a ser una mujer completa. 5 cosas importantes

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Por Maria Grazia Gualandi

Sin duda, la activa participación de las mujeres -tanto en lo privado como en lo público- plantea algunas situaciones que a menudo se convierten en conflictos: ¿Cómo puedo ser buena mujer, buena esposa y buena madre a la vez? En el pasado, las madres enseñaban a sus hijas cómo ser buenas esposas y madres. Tal enseñanza se basaba en cómo hacer ciertas cosas ya que los valores eran compartidos por la mayoría. Hoy en día las certezas que se poseían en el pasado, no son comunicadas por los mayores a las nuevas generaciones dado que no se adaptan al continuo cambio que hoy existe. A menudo no hay consenso social sobre las formas, los contenidos, los valores de la educación, además de ser el ámbito educativo un terreno especialmente expuesto a la politización.
Por eso es oportuno preguntarse ¿cómo puedo enseñar a mi hija a ser una mujer completa?.

En particular te sugiero 5 cosas.
1. Tu esposo es tu aliado, no tu enemigo. El trato que tienes con tu marido es la primera lección que puedes darle a tu hija sobre el amor. Esa lección lo abarca todo: la generosidad, el respeto, el coraje, la fidelidad, la amistad, el perdón, etc. Cuando llegan los hijos, es muy fácil volcarse en ellos mientras se deja de lado la relación conyugal. Hay que tener cuidado porque –aunque a veces parezca que sí- el matrimonio no puede funcionar con “piloto automático”. Es cierto que la crianza de los hijos requiere una dedicación casi total hasta identificarnos por completo con ellos, pero hay que saber que ¡los triángulos no funcionan!
Además -no seamos tontas- ¡la felicidad familiar se encuentra dentro de un matrimonio saludable! En Estados Unidos están prosperando algunas iniciativas que tienen cómo objetivo la promoción del matrimonio saludable a lo largo de toda la vida como Healthy Marriage Initiative, Ruth Institute y Covenant Marriage. Estas iniciativas se fundan en estudios científicos que demuestran que un matrimonio sólido y saludable le trae beneficios al núcleo familiar y a la sociedad. Entre los muchos objetivos que tienen estas iniciativas se señala el matrimonio como el contexto adecuado para el sexo y la crianza de los hijos; la unión familiar considerada como un compromiso de por vida entre una mujer y un varón; la cooperación conyugal permanente como solución a las aspiraciones de las mujeres en materia de conciliación entre trabajo y familia; la cooperación, y no la competencia, entre mujeres y varones. Una buena relación matrimonial facilita que los hijos mejoren sus competencias intelectuales y sociales que constituyen un sólido bagaje para ellos además de prevenirles situaciones de riesgo. Así que, ¡más vale que nuestro esposo sea parte de nuestro equipo!

2. Ser buena feminista. El buen propósito que tiene cada feminista –el de defender el valor de la mujer- frecuentemente se ha aplicado de manera equivocada. Paradójicamente, en vez de defender la feminidad, se ha destruido y vaciado lo propio y lo bello de ser mujer. En concreto, muchas veces se lucha por un feminismo entendido cómo igualitarismo -o lucha- que ve al hombre como competidor y medida de comparación. El feminismo mal entendido ha llevado a disociar la sexualidad de la reproducción, la sexualidad de la afectividad y el género de la sexualidad. Además, ha otorgado a la esfera publica más importancia que a la esfera privada y nos ha hecho creer que las tareas de la casa y el cuidado de los niños son ocupaciones de subordinación que degradan y humillan. Lo que debemos hacerle ver a nuestra hija –y nuestro marido- es que el cuidado de lo familiar es muy atractivo porque es la tarea más importante, bella y sublime que nos puede tocar. Así todos en nuestra familia –marido e hijos- sentirán el deseo de compartir y perpetuar ese privilegio.

3. El valor del cuerpo. El cuerpo de tu hija es un asunto importante. Pero ¡está en peligro! Nuestra sociedad le pide demasiado al cuerpo de una mujer: que sea delgada, sexy, atlética. Esas exigencias que parecen afectar solamente lo exterior, en realidad afectan lo más profundo de cada una, creando a menudo problemas muy conocidos como la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón. Además de eso, hay mucha presión social acerca de la importancia de poder elegir libremente sobre el propio cuerpo en temas de sexualidad y aborto. Como resultado de esa supuesta libertad, el cuerpo de la mujer se degrada aún más ya que se convierte en un esclavo de las expectativas sociales. Si tu hija no entiende la importancia de su propio cuerpo, será muy fácil que caiga en la adicción a la pornografía o en la trampa del sexting, haciéndola más vulnerable a cualquier tipo de abuso. Observándote a ti, ella aprenderá lo que significa ser elegante, fina, guapa y sobria. Lo que se muestra a las demás personas les sugiere quienes somos. Es posible seguir las tendencias de la moda dándole un toque personal. Enséñale a tu hija que el cuerpo es un don que ella ha recibido para regalarlo –de distinta forma- a los demás. Y algo que puedes regalar es algo que te pertenece, pero el hecho de que te pertenezca no significa estar disponible para todos. De alguna forma el cuerpo es el regalo para los hijos que lo habitarán, así como esos hijos son regalo para ti. Solamente el cuerpo de la mujer es capaz de proteger, custodiar y hacer crecer la vida.

4. El papel de la mujer en la sociedad. En un twitter dirigido a la actriz Emma Watson, una chica le pidió sugerencias a propósito de una amiga adolescente cuyos padres le insistían en que sus aspiraciones fueran las de casarse y tener hijos en vez de tener un trabajo exitoso. Ella contestó: ¿porqué no los dos? ¡Tener una maravillosa familia y un trabajo exitoso es posible! La sociedad necesita que las mujeres lleven sus propios talentos tanto dentro como fuera de la casa. La sociedad también necesita que la mujer afronte la dificultad de conciliar la vida laboral con la familiar, para que se puedan empezar a buscar soluciones que involucren también a los hombres. Por esta razón y por otras miles más, ellos no tienen que ser nuestros adversarios sino parte de nuestro equipo.
5. Y que sin ti ¡el mundo sigue funcionando!. Una de las mayores virtudes de las mujeres es también uno de sus mayores defectos: la capacidad del multitasking que la lleva a querer tener todo bajo control. En Estados Unidos se habla de gatekeeping en el ámbito familiar. Gatekeeping significa ser el guardián de la puerta, pudiendo decidir lo que entra y lo que sale, ser el filtro. Este término aplicado a la familia se refiere al progenitor (generalmente la madre) que se atribuye a sí misma el poder de decidir cómo debe ser la relación entre el otro progenitor y el hijo. Esa actitud conlleva una serie de creencias y comportamientos que inhiben el esfuerzo de colaboración entre varones y mujeres, limitando las oportunidades de repartir satisfactoriamente las responsabilidades domésticas,. Cuando uno de los padres relega al otro a un segundo nivel, lo priva de sus derechos y desprecia sus habilidades o su capacidad para aprender tales habilidades. Normalmente el cónyuge dominante toma el control de la gestión del hogar y de la educación de los hijos, provocando un resentimiento grave en el otro junto con una sensación de incompetencia en la relación de paternidad. Cuando las madres asumen que ellas han de ejercer la función principal en el cuidado, pueden desalentar a los varones –y a los hijos- para asumir también sus propias responsabilidades.
Las mujeres no tenemos que ser superwoman en cada momento. Quizá nos sentimos bien porque pensamos que estamos sacrificándonos por nuestra familia cuando en realidad lo que estamos haciendo es impedir que nuestro marido y nuestros hijos crezcan en autonomía, autoestima y responsabilidad. Nos olvidamos que la mejor cualidad de un líder es saber delegar. Y muchas veces no delegamos porque tenemos demasiada presunción y poca confianza en los demás. Enséñale a tu hija que una mujer no tiene que cargar con todo, porque puede contar con el hombre que ha escogido y porque confía en las capacidades de los demás. ¡Todos somos útiles pero nadie es indispensable!

REFERENCIAS
Allen, S. M. (1999). “Maternal gatekeeping: Mothers’ beliefs and behaviors that inhibit grater father involvement en family work”, Journal of Marriage and Family, 61. (1), 1999-212.
Brown, G. L., Cannon, E. A. y Mangelsdorf, S. C. (2008). “Maternal gatekeeping, coparenting quality, and fathering behavior in families with infants”, Journal of Family Psychology, 22. (3), 389-398.
Gaunt, R. (2008). “Maternal Gatekeeping: Antecedents and Consequences”, Journal of Family Issues, 29. (3).
Yárnoz Yaben, S. (2006). “¿Seguimos descuidando a los padres? El papel del padre en la dinámica familiar y su influencia en el bienestar psíquico de sus componentes”, Anales de Psicología, 22. (2), 175-185.

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